Casi todos tenemos algún amigo o familiar que vive en una vivienda con un sistema de calefacción colectiva y se queja de un exceso de calor o de unos horarios de calefacción excesivamente amplios.

Quizá por este motivo, mucha gente piensa que los sistemas de calefacción colectiva o centralizada consumen más energía que los individuales. Al fin y al cabo, en los últimos cada usuario ajusta el consumo a sus necesidades y opciones personales (horarios de permanencia en la vivienda, cantidad de calor deseada, etc).
Sin embargo, los sistemas colectivos (que en España se utilizan en un millón y medio de viviendas) tienen importantes ventajas a la hora de producir calor doméstico. Entre ellas destacamos:
1. Descuentos en el combustible: Los grandes consumidores -como las comunidades de propietarios- pueden lograr importantes descuentos (en el caso del gas natural, por ejemplo, el ahorro puede ser del 20% o 30% respecto al contrato de un particular).
2. Menor coste de mantenimiento: el coste del mantenimiento también es menor que en los sistemas individuales y, si es necesario renovar la caldera, la inversión se amortiza mucho antes.
3. Mayor seguridad: tener la caldera fuera de casa también es una ventaja, no solo por el espacio que ocupa, sino por la seguridad de que esté instalada en un cuarto específico y ventilado.
4. Mayor eficiencia: las calderas comunitarias funcionan de forma continua, frente a los frecuentes apagados y encendidos de las individuales, lo que evita los consumos asociados a múltiples arranques. Además, el rendimiento de las calderas aumenta con el tamaño de la instalación.

Efectivamente: las calderas colectivas resultan mucho más eficientes produciendo calor y agua caliente. Pero una parte sustancial de esa ventaja comparativa acaba por perderse si no es posible que cada cual consuma lo que realmente necesita… y pague en función de su consumo. El método, muy habitual, de repartir el coste de los sistemas colectivos de calefacción en función del tamaño de la vivienda desincentiva el ahorro, ya que éste no revierte económicamente en quien lo realiza.

Consumir el calor que realmente necesitas…

Más allá de pasar el invierno en pantalones cortos y camiseta de tirantes o abrir de par en par las ventanas en pleno mes de enero, existen soluciones para ajustar la cantidad de calor en una vivienda con un sistema de calefacción colectivo. Una de las soluciones más prácticas es instalar en los radiadores cabezales termostáticos (si quieres conocer más detalles sobre su utilidad y funcionamiento, puedes consultar este post)

… Y asumir los costes derivados de tu consumo

También es posible repartir los costes de la calefacción en función de la cantidad de calor utilizada en cada hogar. Si los hogares tienen una distribución “en anillo” (con una única vía de entrada y otra de salida del circuito de calefacción), lo más sencillo es instalar un contador de calor en cada vivienda. Sin embargo, en muchos edificios de viviendas antiguos el calor se distribuye por columnas verticales (ver imagen). En esos casos, en los que las entradas de la calefacción a cada hogar son múltiples, una buena opción es instalar repartidores del coste de la calefacción, unos pequeños aparatos que se colocan en cada radiador y recogen ciertos parámetros que cada cierto tiempo son traducidos a consumos reales, ya sea en términos energéticos o económicos. La instalación de los repartidores no requiere obra y su precio, con instalación incluida, es de unos 25 €.

Según la Asociación Española de Repartidores de Costes de Calefacción(AERCCA), en España, la mera instalación de un sistema de reparto de costes está dando lugar a ahorros medios superiores al 20%. El Instituto para la Diversificación y el Ahorro Energético (IDAE) añade que si el sistema de reparto de costes se complementa con un sistema que permita la regulación de temperaturas en los hogares (cabezales termostáticos o sistema equivalente) el ahorro llega a ser del orden del 30%.

Tomar decisiones en común

Consumir lo que necesitas y pagar lo que consumes es técnicamente viable… ¿Pero cómo lograr que una comunidad de vecinos se decida a acometer los cambios necesarios? Sobre esta cuestión, es interesante saber que los repartidores de coste de calefacción, los contadores individuales y otros aparatos con un cometido similar, son considerados “medidas de ahorro y eficiencia energética” a los efectos del artículo 17.3 de la Ley de Propiedad Horizontal. Esto significa que su instalación voluntaria por la comunidad de vecinos, sólo requiere el voto favorable de las tres quintas partes de los propietarios (Ver aquí el Real Decreto 1027 de 2007).

Para acabar, un dato que puede animar a algunos a respaldar el cambio de sistema: la nueva Directiva de Eficiencia Energética 2012/27/UE (que aún debe trasladarse a nuestra legislación nacional), indica, en los artículos 9 al 11, que todos los edificios que estén dotados de sistemas de calefacción o climatización centralizada deberán tener instalados dispositivos de medición individuales, ya sean repartidores de costes de calefacción en los radiadores o contadores individuales de calefacción. ¿Por qué no anticiparnos y aprovechar desde este mismo año las ventajas del cambio?

 

Via: Hogares Verdes

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